Mostrando entradas con la etiqueta sentidos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sentidos. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de octubre de 2012

Música y emociones en Blossom

Como cada sábado, el de ayer estuvo lleno de diversión, pero además de cierta carga emotiva porque a través de la música, el baile, la letra, la melodía... Tratamos de conectar con nuestros peques... Sensaciones a flor de piel... GRACIAS nuevamente!



miércoles, 20 de junio de 2012

Actividades de verano

Estas son las actividades que con mucha ilusión hemos organizado para el verano 

Queremos acercar un poco más el trabajo y los servicios que desde Jugar y Crecer feliz se ofrecen y compartir en familia un rato agradable de juego y mucha diversión.

Reserva tu plaza llamando al 619 164 067 o en jugarycrecerfeliz@gmail.com ¡son limitadas!

La información más detallada acerca de los talleres la puedes encontrar aquí, y sobre el lugar en el que se van a realizar aquí.

viernes, 4 de mayo de 2012

Cómo hacer un móvil casero personalizado

Durante el embarazo de Juan y su primer año de vida busqué y leí mucho sobre manualidades y juguetes caseros para bebés, pero al final no llevé casi ninguno a la práctica entre los horarios de trabajo, las complicaciones del embarazo de Pablo, etc. Pero, para el pequeñín de la casa si pude hacer esté simpático móvil casero.

En un primer momento la utilidad era más bien la de ir estimulando su agudeza visual, pero quería algo personalizado con lo que se sintiera cómodo y que le llamara la atención por si mismo.
A los bebés con muy poco tiempo de edad les interesa mucho las caras, se fijan en ellas y van descubriendo sus detalles, así que... ¡nada mejor que las caras de la familia!. Por otra parte también era interesante que fueran las nuestras porque le ofrece seguridad: son las mismas caras que tiene ante sí desde que abre los ojitos hasta que los vuelve a cerrar, las que le hacen carantoñas, las que él mira buscando consuelo... Y finalmente, para que también las fuera reconociendo mientras le nombrábamos a quién correspondía cada una.

Si por ejemplo yo me tenía que duchar (una necesidad imperiosa después de un largo día de ajetreo, buches, y otros quehaceres con mi prole) y su yeya o papi se quedaban con él, mirar las caras de ese juguete le relajaba muchísimo cuando estaba nervioso... y por lo que ellos dicen especialmente la mía y la de su hermano.

Cuando empezamos a tener episodios de llanto en el coche, en los que , para un trayecto que habitualmente en veinticinco minutos estaría hecho, tardábamos hasta dos horas con cinco o seis paradas, se nos ocurrió colocarlo en la sillita del coche y la cosa mejoró bastante... yo seguía sentada junto a él dándole mi manita, acariciándolo y mostrándole mi rostro (también besándole y cantándole), pero le resultaba atractivo el artilugio y se centraba en él. He de decir que no era milagroso, porque ya sabemos que un bebé llora para comunicarse y no siempre se va a calmar de la misma forma (a veces hambre, a veces sueño, incomodidad), pero sí es cierto que se relajaba mirándolo y pasamos a tener menos paradas y en alguna ocasión pudimos hacer el recorrido completo.

Ahora lo utilizo para que vaya reconociendo los nombres de cada uno e identifique las caras. Le encanta porque lo puede coger, chupetear, moverlo... y se ríe muchísimo.

Los materiales que utilicé:

  • Un palo chino (se consigue en supermercados o bazares)
  • Cintas de raso de colores
  • Cintas o cordón blanco
  • Belcro
  • Silicona o en su defecto cola (yo prefiero la silicona)
  • Tijeras
  • Fotografías en las que coincidan el tamaño de las caras (o las puedes tratar con algún programa de retoque)
  • Papel de forrar (o plastificadora)

Pasos:

  1. Imprimir fotos, recortarlas y plastificarlas. Una vez terminadas, volver a recortar por el contorno de la cara.
  2. Pegar con silicona en la trasera de la imagen unas pequeñas tiras de cinta a modo de flequillos.
  3. Elegir el tamaño de las tiras y cortarlas, tanto las que tendrán las siluetas de la cabeza como las que servirán de agarre. 
  4. Pegar las tiras de la cabeza con silicona en un extremo al palo y en el otro extremo a la cara correspondiente. Las otras dos unirlas cada una por un extremo al extremo correspondiente del palo chino y unir las dos entre sí con un lazo por el otro extremo.
  5. Cortar unas tiras de belcro y hacer un cierre circular que nos sirva para colocarlo en varios sitios (arco de juegos, soporte de la sillita del coche, etc.). Pegar el belcro al lazito con silicona.

También podemos personalizarlo de otro modo: con colores, formas, animales... ¡con lo que queramos mostrarle al peque!.

Espero que les guste, les sea de utilidad y les inspire para crear incluso otros juguetes caseros, esto es sólo una idea de la que partir.


lunes, 30 de abril de 2012

¿Qué tiene de malo jugar en el barro?

Hoy he tenido una regresión: me he visto a mi misma con 4 años jugando con otros niños en casa de unos primos lejanos a llenar una botella con barro y simular que era un refresco. Recordé el olor, el tacto en mis manos, la sensación de felicidad que invadía mi cuerpo y hasta el sabor... sí, ¡comí barro porque estaba jugando a que era una bebida! y un potaje, y una pella de gofio, y cualquier cosa que se nos venía a la mente. Estaba manchada: la camisa, los zapatos, el pantalón, las manos, el pelo... y estaba más que contenta, tanto que aún hoy tengo ese recuerdo vivo en la cabeza.

Al mirar a Juan, me he visto a mi. Me miró con su cara llena de barro, con restos en el pantalón y en los zapatos, con las mangas mojadas y las uñas "enguarradas"... ¡y con una sonrisa de oreja a oreja diciendo: mamá, las piedras fuertes en el agua, fiiiun! (o lo que es lo mismo: mamá estuve tirando piedras al agua muy fuerte y sonaban en el aire).




Hoy hemos tenido un día en el campo de los que me gustan: correr por las piedras, recogerlas del camino, recolectar tesoros de la naturaleza, escuchar los pájaros y ver a las hormigas buscar comida, jugar con el agua y la tierra e incrustar los deditos de los pies y de las manos, darle pan a las palomas, respirar aire limpio y reír a carcajadas. ¡¿Qué más se puede pedir?!

A lo lejos, veía unos niños de entre 5 y 8 años recoger piedras y tirarlas a la presa, buscar animales, saltar entre las rocas, hacer de exploradores... ¡mil maneras de jugar sin necesitar nada más que lo que la propia naturaleza nos ofrece y pone a nuestro alcance!. No les hizo falta sofisticados juegos, planificación previa ni mucho menos un adulto que los guiara; simplemente dar rienda suelta a su imaginación. Y, como era de esperar, también demostraban estar felices y contentos.

Un día en el campo suele ser un ¡gran día!. En mi última entrada hablaba de los sentidos y cómo acompañar al bebé o niño en su día a día para estimularlos... una excursión en la naturaleza es de las mejores oportunidades.

Pablo descalzo pisaba la tierra húmeda, mientras sonreía y levantaba la vista como diciendo: ¡yuos mami qué es esto!. También se sentó, agarró un puñadito de la misma tierra y la deslizó entre sus dedos, una y otra vez. Miraba en la orilla cómo su yeyo y su hermano lanzaban piedras al agua, cómo salpicaban y escuchaba el sonido al chocar con el agua. Y sus ojos rasgados se abrían todo lo que podían asombrados ante tal maravilla. Y la brisa le daba en su carita, en su piel, y sacaba su lengüita para que también allí llegara el frescor. Y tras tanta actividad... ¡una buena siesta en el pecho de su papi!. Descansando también entre el murmullo de la brisa y las hojas de los árboles. Procesando toda esa información en su pequeña cabecita.

¡Parece todo tan bucólico! pero... ¡realmente sucedió así!. Disfrutando, experimentando, siendo libres de espíritu, mente y acción, descubriendo las leyes de la física en una actividad cotidiana., las matemáticas en el número de piedras que su tío le cargaba (y el lenguaje, y el medio...) Jugando y creciendo feliz.

Es cierto que la gente nos mira sorprendidos por varios motivos: aparecemos con dos bebés sin carritos, en este caso con las mochilas ergonómicas (en lugar de los fulares) para transportarlos, dejamos que toqueteen todo lo que se encuentran a su alcance (evidentemente aquello que pueda tener un peligro real no, como puede ser un fuego encendido o similar), si quieren dormir o descansar pues pegaditos a sus papis o en una mantita en el suelo cerca de la tierra y las piedrecitas... Además soy consciente de los prejuicios que la actividad de mis hijos conlleva. Recuerdo una persona muy cercana hacer el siguiente comentario una vez: "Estuvimos de asadero y había unos niños pequeños jugando en la tierra y el agua todo el rato, sucios, y la madre decía que así es como se divertían y como mejor se inmunizaban... ¡ay qué ver! yo no sé en qué están pensando esos padres..." Jeje, imagino que hoy en día opinará eso mismo de mi; esa persona y todas las que me miran asombrada mientras revuelvo la tierra con mis hijos.

¡Pero qué felicidad! quizás es que yo sigo siendo una niña... y todos los que estábamos hoy en este día con mis enanillos también. Mi prioridad es que mis hijos sean felices, y con ello que crezcan sanos mental y físicamente, que sepan resolverse en la vida, que amen y se sientan amados, que estén orgullosos de quienes son, que sean ellos mismos y se respeten. Entonces ¿qué tiene de malo jugar con el barro?... que te ensucias... ¡pues se limpia!.

Mientras los miraba jugar pensaba en más cosas qué hacer en un día de campo cuando ya sean un poco más mayores:

  • Buscar conejos y sus madrigueras
  • Recoger plumas de las aves
  • Buscar piedras con formas y colores extraños
  • Buscar insectos
  • Buscar frutos o semillas caídas
  • Seguir un sendero y pasear
  • Sacar fotografías 
  • Hacer dibujos en la tierra
... y todo lo que ellos mismos me puedan proponer. Pero ahora siguen siendo muy pequeños y los que les gusta es explorar, observar, experimentar y jugar. Jugar y ensuciarse en el barro.






martes, 24 de abril de 2012

Despertando los sentidos

Durante los primeros años de vida de un ser humano, según muchos autores durante los seis primeros, nuestro cerebro está asimilando toda la información y desarrollando aquellas capacidades que en la vida adulta vamos a necesitar para "sobrevivir"... y en cada contexto cultural o tipo de sociedad destacarán unas más que otras. Por ello durante este periodo tenemos que mostrar al niñ@ estímulos que favorezcan esa apertura al mundo y garantizar, en la mayor medida en que podamos, una buena adaptación al medio que repercuta en el logro de la supervivencia. Dicho de otra manera, tenemos que ofrecer a nuestros peques la posibilidad de desenvolverse en el medio que les ha tocado vivir de manera satisfactoria.

Los sentidos aquí se convierten en los protagonistas; son ellos los que aportarán diferentes percepciones con las que el niño o niña construirá la realidad: su realidad.

Los bebés están descubriendo a cada instante y sin descanso el mundo que les rodea, implicando en esa tarea los órganos sensoriales: sus ojos, su nariz, su boca, su oído y su piel. Desde antes de nacer ya los han estado utilizando y ejercitando, y una vez han salido del vientre de su mamá tienen por delante todo un universo por explorar con ellos.

En los primeros meses del bebé lo más importe es colmarlos de afecto, alimentarlos y ofrecerles la seguridad que reclaman y necesitan, pero también acompañarlos en ese proceso de despertar los sentidos. Para quienes practican el método piel con piel y una crianza con apego utilizando fulares y demás, es mucho más sencillo ya que todos sus sentidos están constantemente siendo activados y estimulados por las sensaciones que ello produce: la voz de mamá cuando habla, el calor y el contacto con la piel, participar en la vida cotidiana pudiendo observar y escuchar en todo momento lo que sucede alrededor, teniendo al alcance múltiples objetos cotidianos de diferentes texturas, sabores, olores... ¡todo un mundo de posibilidades!. También  es importante saber que con cualquier actividad que hagamos con nuestro chiquitín estaremos activando e impulsando el desarrollo de dichos sentidos: hablar con él/ella, cantarle, masajearle, acariciarle, dejar que inspeccione los objetos que tiene a su alcance, oler los aromas de su entorno, etc.; sin olvidarnos de que no es aconsejable ni los ruidos ni olores fuertes por los daños que puedan ocasionar en los órganos correspondientes. Tampoco debemos pasar por alto los ritmos del niño y lo que demandan en cada momento y ceñirnos a jugar con ellos cuando están fresquitos y activos, ya que de lo contrario estaremos generándoles estrés.

A medida que van creciendo sería interesante seguir en la misma línea de juegos sensoriales y ampliar un poquito más en concepto y forma, ya que ellos también se van haciendo más sofisticados en sus propios juegos. En próximas entradas publicaré actividades sensoriales para diferentes tramos de edad que puedan desarrollar en diversos contextos: playa, campo, casa, parque, etc.

Es emocionante observarlos y acompañarlos en esta gran aventura... y quizás nosotros podamos redescubrir con ellos sensaciones dormidas en nuestra memoria.