Esta semana ha sido muy importante para mi por muchas circunstancias personales y profesionales, y cada día he intentado crecer un poquito más... pero tengo la sensación de haber dado un "estirón", un paso más, un salto de madurez...

Gran parte de esa sensación ha venido dada por las experiencias compartidas esta semana con las familias que asisten a los talleres: en este caso todas madres con ganas de dedicar tiempo de calidad a sus niños, de entenderlos, de saber descifrar qué les gusta y poder ofrecerles lo que demandan.
Mamás con ganas de ver crecer felices a sus hijos, pero también
con la ilusión de crecer ellas junto a ellos, de aprender, de disfrutar... y eso me ha llenado el alma.
¡Son unas mamis muy lindas y grandes!... las admiro a todas.
Jugar es importante para el niño/a, para su desarrollo físico, psíquico y emocional... pero también para nosotros. Nos gusta conectar con nuestros hijos, sentirnos importantes para ellos y hacerles sentir que también ellos son importantes para nosotros, buscamos la manera de alimentar ese amor que existe en la familia, de generar situaciones divertidas y desinhibidas y ofrecer lo más puro de nosotros... y ahí es dónde aparece el juego. El juego nos ofrece esa mirada limpia, esa hoja en blanco en la que todo es posible, todas las historias y los personajes. Es en el juego dónde las emociones no tiene límites, dónde un elefante puede jugar al fútbol o una barco volar... dónde podemos reinventarnos y descubrir cómo crecer junto a ellos. Muchas veces he hablado de observar a los niños/as, de estar atentos a sus llamadas y descubrir sus intereses, pero...
¿nos observamos a nosotros? ¿qué actitud tomamos ante y durante el juego?
¿sale el/la niño/a que llevamos dentro y que seguimos siendo?
Hablando con esas grandes mamis, descubría esos
límites que nosotros mismos nos ponemos... me sorprendió un comentario que hizo una de ellas (a la que por cierto tengo mucho cariño... V.): "es que yo siempre he sido muy correcta, siempre he guardado las formas... y me cuesta sacar esa niña y sobre todo delante de la gente"... pero
sus ojos iluminados mientras miraba a T. riéndose con mamá pata...
delataron a esa niña... a esa mami llena de amor, de ganas de estar con su peque y compartir tiempo, vivencias, sonrisas, canciones... esa mami con la ilusión de crecer junto a su bebé.
Y ¿cuál es la clave? ¿qué podemos hacer? de momento, para empezar y como digo coloquialmente... "¡soltarnos la peluca!", sentarnos a su lado, poner "el culo" en el suelo y nuestros ojos a la altura de los de ellos y... ¡fluir!...
saldrá ese niño/a interior que también quiere crecer, que ha encontrado un nuevo compañero de viaje a modo de hijo/a del que cogerse de la mano y aprender, con quién vivir aventuras y explorar nuevos caminos. Y por supuesto,
no te olvides de escucharle y observarle para que también él/ella pueda crecer.