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miércoles, 23 de agosto de 2017

¿Cómo hemos llegado a desconectarnos de lo que sienten l@s bebés y l@s niñ@s?

En algunas ocasiones, cuando me conecto a las redes sociales, siento una punzada en el estómago. Es un pinchacito corto, rápido, pero muy potente. 

En esas situaciones me pregunto cuándo nos desconectamos de las emociones de los demás, especialmente de las de los niños

Son varias las ocasiones que veo algún meme o vídeo en el que aparece el sufrimiento de un niño como objeto de gracia, risa, burla... de los adultos que lo comparten y comentan. Imágenes que aparecen con reproducciones de más de mil personas y cientos de interacciones, como muy poco.

sábado, 11 de abril de 2015

Cuando el Amor se multiplica (I)

Soy la mayor de tres hermanos, así que en mi infancia escuché en muchas ocasiones eso de "¿se tienen celos?" "A lo mejor tiene pelusilla"... Y otras tantas cosas que hacían referencia a la relación con mis hermanos y el amor que nuestros padres nos ofrecían.

Quise ser madre de varios niños, crear una familia en la que hubiera hermanos con los que compartir experiencias; yo aún recuerdo con mucho amor las horas junto a los míos,y ciertamente me parece algo mágico el vínculo que tenemos. El único dolor o espinita que quedaba eran las comparaciones, los "tu hermano es esto y tú lo otro", no sólo de familiares sino también de profesoras, ya que acudíamos al mismo colegio, y eso que "a priori" yo era "la mejor" parada, la que estudiaba, la que sacaba notas, la obediente... Y con el tiempo hizo resentir mi relación con ellos en algunos momentos.

Al ser madre, en mi segundo embarazo, quise romper con esos patrones culturales de: "eres el mayor" "tú eres más pequeño" "los hermanos se tienen que querer" y permitir que el vínculo entre ellos se formara por sus propias vivencias y emociones, tal y como lo viví yo pero sin la presión social, sin la obligación.

sábado, 8 de noviembre de 2014

¿A qué jugamos hoy?

A vivir la vida intensamente, a tocar el cielo con las manos y bajarlo a nuestros pies para saltar de nube en nube.

A tener 4 o 3 o 10 años y correr entre las calles, saltando en las alcantarillas para que salgan las vecinas y nos "manden a callar".

A subirnos a la espalda de papá o de mamá y hacer carreras de caballos o de camellos, según la velocidad, y notar como la brisa nos acaricia las mejillas.

A que somos cocineros y preparamos una tarta y una gran taza de chocolate, y a que el salón de nuestra casa es el comedor de un restaurante.

A que yo soy tu bebé y tú eres mi mamá, y el oso es la abuela y la moto es el perro que sabe ladrar, y nos vamos al súper todos juntitos a comprar.

A que juego a jugar contigo sin darme cuenta que en realidad estoy jugando conmigo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Cosas del verano...


Llevo casi dos meses sin escribir nada, y no porque no tenga cosas que contar, al contrario, sino porque me he dedicado a la gratificante tarea de Crecer Feliz junto a mis hijos... 

En una entrada anterior comentaba sobre dejar salir nuestr@ niñ@ intern@ y permitirle que también jugara y creciera, pero no sabía hasta que punto podía ser tan importante ese detalle. Tomé conciencia hace unas semanas que era una necesidad para mi ofrecerle a mi niña interna la posibilidad de participar en mi vida, que jugara, que cantara, que bailara... Junto a mis hijos, de la mano... Pero también que llorara, que sacara sus miedos, que manifestara sus inquietudes y que mostrara sus "heridas"... Todo ello para que pudiera sanarse y crecer feliz... Porque sólo de esa manera, dejando crecer a mi niña y sintiendo esa armonía, podría conectar de manera sincera con mis ángeles (como me gusta llamar a Juan y a Pablo). Y, ¡Vaya si ha funcionado!. Ni siquiera se cómo explicarlo porque es una sensación que te invade por dentro que hace que puedas mirar en clave positiva, que te cargues de una paciencia casi infinita (esa que pensabas no ibas a poder tener en la vida), que no pierdas la perspectiva de tu papel como madre, que no te hundas en los errores y que los valores como oportunidades, quitarte el lastre de una imagen que quieres proyectar y simplemente fluir y permitirte ser tu misma... Y mirar hacia atrás con una sonrisa en los labios y la mente y el cuerpo en paz...

Me adentré en este crecimiento de manera consciente hace algunos meses, pero realmente considero que en estas semanas es cuando he dado pasos de gigante, y no puedo más que sentirme muy feliz y privilegiada. Evidentemente sigo creciendo... Lo hacemos durante toda la vida, pero desde lo más profundo de mi corazón siento que ha habido un antes y un después, que si antes el amor invadía mi cuerpo, ahora soy más afortunada porque tengo más herramientas para conectar conmigo misma y con mis niños, respetarme y respetarlos, quererlos y quererme.

Habrán lectores que se sientan identificados  con estas líneas, otros que lo vean como un rollo místico que vete tú a saber qué tiene que ver con jugar con tus hijos, que al fin y al cabo es de lo que va este blog, ¿No?. No pretendo que lo entiendan, pero es verdad que me moría de ganas por compartirlo porque realmente creo que tiene TODO que ver... Bueno, y para decirles que esta es la base por la que regreso con las pilas cargadas, con energías renovadas y con el entusiasmo de compartir con quien le apetezca la aventura de ver crecer feliz a su pequeñ@... Entre risas, canciones, cuentos y sobre todo, jugando.

lunes, 9 de julio de 2012

Jugar con nuestro/a peque ¿nos ayuda a crecer?.

Esta semana ha sido muy importante para mi por muchas circunstancias personales y profesionales, y cada día he intentado crecer un poquito más... pero tengo la sensación de haber dado un "estirón", un paso más, un salto de madurez...

Gran parte de esa sensación ha venido dada por las experiencias compartidas esta semana con las familias que asisten a los talleres: en este caso todas madres con ganas de dedicar tiempo de calidad a sus niños, de entenderlos, de saber descifrar qué les gusta y poder ofrecerles lo que demandan. Mamás con ganas de ver crecer felices a sus hijos, pero también con la ilusión de crecer ellas junto a ellos, de aprender, de disfrutar... y eso me ha llenado el alma. ¡Son unas mamis muy lindas y grandes!... las admiro a todas.

Jugar es importante para el niño/a, para su desarrollo físico, psíquico y emocional... pero también para nosotros. Nos gusta conectar con nuestros hijos, sentirnos importantes para ellos y hacerles sentir que también ellos son importantes para nosotros, buscamos la manera de alimentar ese amor que existe en la familia, de generar situaciones divertidas y desinhibidas y ofrecer lo más puro de nosotros... y ahí es dónde aparece el juego. El juego nos ofrece esa mirada limpia, esa hoja en blanco en la que todo es posible, todas las historias y los personajes. Es en el juego dónde las emociones no tiene límites, dónde un elefante puede jugar al fútbol o una barco volar... dónde podemos reinventarnos y descubrir cómo crecer junto a ellos. Muchas veces he hablado de observar a los niños/as, de estar atentos a sus llamadas y descubrir sus intereses, pero... ¿nos observamos a nosotros? ¿qué actitud tomamos ante y durante el juego? ¿sale el/la niño/a que llevamos dentro y que seguimos siendo?

Hablando con esas grandes mamis, descubría esos límites que nosotros mismos nos ponemos... me sorprendió un comentario que hizo una de ellas (a la que por cierto tengo mucho cariño... V.): "es que yo siempre he sido muy correcta, siempre he guardado las formas... y me cuesta sacar esa niña y sobre todo delante de la gente"... pero sus ojos iluminados mientras miraba a T. riéndose con mamá pata... delataron a esa niña... a esa mami llena de amor, de ganas de estar con su peque y compartir tiempo, vivencias, sonrisas, canciones... esa mami con la ilusión de crecer junto a su bebé.

Y ¿cuál es la clave? ¿qué podemos hacer? de momento, para empezar y como digo coloquialmente... "¡soltarnos la peluca!", sentarnos a su lado, poner "el culo" en el suelo y nuestros ojos a la altura de los de ellos y... ¡fluir!... saldrá ese niño/a interior que también quiere crecer, que ha encontrado un nuevo compañero de viaje a modo de hijo/a del que cogerse de la mano y aprender, con quién vivir aventuras y explorar nuevos caminos. Y por supuesto, no te olvides de escucharle y observarle para que también él/ella pueda crecer.

martes, 24 de abril de 2012

Despertando los sentidos

Durante los primeros años de vida de un ser humano, según muchos autores durante los seis primeros, nuestro cerebro está asimilando toda la información y desarrollando aquellas capacidades que en la vida adulta vamos a necesitar para "sobrevivir"... y en cada contexto cultural o tipo de sociedad destacarán unas más que otras. Por ello durante este periodo tenemos que mostrar al niñ@ estímulos que favorezcan esa apertura al mundo y garantizar, en la mayor medida en que podamos, una buena adaptación al medio que repercuta en el logro de la supervivencia. Dicho de otra manera, tenemos que ofrecer a nuestros peques la posibilidad de desenvolverse en el medio que les ha tocado vivir de manera satisfactoria.

Los sentidos aquí se convierten en los protagonistas; son ellos los que aportarán diferentes percepciones con las que el niño o niña construirá la realidad: su realidad.

Los bebés están descubriendo a cada instante y sin descanso el mundo que les rodea, implicando en esa tarea los órganos sensoriales: sus ojos, su nariz, su boca, su oído y su piel. Desde antes de nacer ya los han estado utilizando y ejercitando, y una vez han salido del vientre de su mamá tienen por delante todo un universo por explorar con ellos.

En los primeros meses del bebé lo más importe es colmarlos de afecto, alimentarlos y ofrecerles la seguridad que reclaman y necesitan, pero también acompañarlos en ese proceso de despertar los sentidos. Para quienes practican el método piel con piel y una crianza con apego utilizando fulares y demás, es mucho más sencillo ya que todos sus sentidos están constantemente siendo activados y estimulados por las sensaciones que ello produce: la voz de mamá cuando habla, el calor y el contacto con la piel, participar en la vida cotidiana pudiendo observar y escuchar en todo momento lo que sucede alrededor, teniendo al alcance múltiples objetos cotidianos de diferentes texturas, sabores, olores... ¡todo un mundo de posibilidades!. También  es importante saber que con cualquier actividad que hagamos con nuestro chiquitín estaremos activando e impulsando el desarrollo de dichos sentidos: hablar con él/ella, cantarle, masajearle, acariciarle, dejar que inspeccione los objetos que tiene a su alcance, oler los aromas de su entorno, etc.; sin olvidarnos de que no es aconsejable ni los ruidos ni olores fuertes por los daños que puedan ocasionar en los órganos correspondientes. Tampoco debemos pasar por alto los ritmos del niño y lo que demandan en cada momento y ceñirnos a jugar con ellos cuando están fresquitos y activos, ya que de lo contrario estaremos generándoles estrés.

A medida que van creciendo sería interesante seguir en la misma línea de juegos sensoriales y ampliar un poquito más en concepto y forma, ya que ellos también se van haciendo más sofisticados en sus propios juegos. En próximas entradas publicaré actividades sensoriales para diferentes tramos de edad que puedan desarrollar en diversos contextos: playa, campo, casa, parque, etc.

Es emocionante observarlos y acompañarlos en esta gran aventura... y quizás nosotros podamos redescubrir con ellos sensaciones dormidas en nuestra memoria.